El Real Madrid CF está ante una gran reválida. El club estrena oposición formal, Riquelme hasta ahora no pasaba de ser un acto de voluntad, pero con las elecciones se ha convertido en alternativa apoyada por una parte del madridismo y, además, con el regreso de José Mourinho vuelve también una sensación inquietante, ilusión/recelo, en la masa social.

Florentino Pérez ha decidido que es el momento de jugarse todo a esta carta. Si la vuelta del técnico portugués deviene en regeneración, aprovechamiento de recursos y títulos, habrá logrado enterrar las dudas de aquel 30%, consolidar su legado y seguir mientras él quiera. Sin embargo, existe el riesgo de que el regreso se atasque y vuelvan los enrarecimientos, dentro y fuera del campo, la falta de resultados y el desconcierto en un equipo hecho, fundamentalmente, de estrellas. Desde ayer por la tarde, la moneda está en el aire.

El movimiento del presidente del Real Madrid puede ser una habilidosa y eficaz vuelta de tuerca que recomponga el entramado social y deportivo o podría convertirse en un error no forzado que empañe sus números como gestor madridista y el resto de su actual mandato.

Lo cierto es que Florentino, después de aquella rueda de prensa, ha cambiado su puesta en escena y la planificación de esta temporada es un prolongación de esa comparecencia que marcó un antes y un después. Sin duda este escenario, por su carga de riesgo, tiene un atractivo especial. Hagan juego señores: «Todo a Mou…»

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