Dani Rodríguez nos deja una entrevista cargada de análisis y reflexiones, tanto en la faceta deportiva como en la humana. Rodríguez ha recibido el cariño de su ciudad pero, en estos años, también ha sufrido la incomprensión y el jucio severísimo que se suele hacer a los propios. El tiempo le ha dado calma, templanza y capacidad para relativizar y saber en qué punto está y hacia donde se dirige. Aquí está la entrevista que también tienen en la versión papel de Palabra de Fútbol.

Daniel Rodríguez Martínez (Jaén, 1978). Entrenador Jaén Paraíso Interior (F.S.). Rodríguez, empezó jugando al fútbol y su condición de “mediocampista” acabó convirtiéndole en un observador del juego aéreo sin demasiadas posibilidades de intervenir en una dinámica marcada por las acciones directas, se aburrió.

Dejó el fútbol y abrazó el fútbol sala para ser un jugador talentoso y aterrizar en el mundo de los banquillos convirtiéndose en un técnico que ya forma parte de la historia de este deporte en la provincia de Jaén.

Al frente de Jaén Paraíso Interior ha ganado 4 Copas de España y una Copa del Rey, ha disputado liguillas por el título y finales en las que no ganó pero hasta las que llegó, a los mandos de un equipo que ha pasado en los 15 años bajo su dirección de ser una anécdota simpática a convertirse en una realidad sistémica que incomoda, hace sufrir y se impone a cualquier equipo de la élite del fútbol sala en España.

Habla de los ciclos de los que se habla en la calle pero sigue en su banquillo perfectamente consciente de que, o por ganar o por perder, cada día que pasa le queda uno menos al frente de este equipo. Ha superado, y se ha reinventado con ellos, los golpes de la incomprensión, los ataques personales y la envidia. Ahora, sin tener que demostrar nada pero consciente de lo efímero de los triunfos, prepara la próxima temporada sabiendo que vuelve someterse a una “enmienda a la totalidad”. Como cada año, desde hace 15, se dispone a su particular “volver a empezar”.

Han pasado 15 años y muchas cosas. Es un ciclo, un gran ciclo.

Lo del ciclo lo he oído muchas veces. Hemos estados dos o tres temporadas escuchando que nos encontrábamos ante un fin de ciclo. Esto es normal porque la gente se aburre de ver siempre las mismas caras. Las sensaciones que tengo en este momento es que hemos hecho algo que nadie, ni nosotros mismos, esperábamos. Hemos asentado un proyecto que ya no sólo se basa en los resultados deportivos, sino que trasciende y tiene una relevancia a nivel social. Más allá de los resultados hay una base social que mantiene el club y, a día de hoy, creo que somos la envidia de otros clubes porque, a falta de grandes presupuestos para plantillas con muchas estrellas, nosotros lo estamos consiguiendo a base de trabajo.

¿Cómo se ha logrado el equilibrio entre la necesidad de seguir ganando y la realidad de ser, pese a los triunfos, una “clase media” de la categoría?

Después de ganar la primera Copa de España se planteó el camino. En ese momento es cuando aprendimos a tener los pies en el suelo. Se te iban jugadores y había que hilar muy fino. No podíamos, para conseguir un resultado, endeudarnos y tratar ser más de lo que éramos. Ese era un escenario peligroso porque si no consigues los resultados la bola se hace enorme. Nosotros mantuvimos la calma siempre y a partir de ahí hemos hecho de ese equilibrio y de la calma en todas las circunstancias, nuestra filosofía. El tener que reinventarnos cada año, en lugar de ser una debilidad, es nuestra fortaleza.

¿De dónde nace la fuerza para, cuando las cosas van mal, no ceder a la tentación de cambiar el rumbo para detener el ruido?

Creo que ese problema ya lo hemos resuelto, lo hemos superado. Estamos en un punto en el que ya tenemos claro que la línea que llevamos es la buena. Es cierto que hubo momentos en los que las cosas no salían y, siempre desde el exterior, había dudas y todo el mundo te daba consejos de cómo hacer las cosas para conseguir el objetivo. Sin embargo desde dentro, sobre todo por parte de Nicolas Sabariego que sabía cómo estábamos trabajando, hubo apoyo absoluto. En esos momentos Nicolás fue mi respaldo, porque conocía perfectamente cómo trabajábamos y los problemas que había. En situaciones así siempre parece que la solución fácil es cesar al entrenador, pero él no perdió la confianza.

¿Qué momento ha sido el más crítico en estos quince años de recorrido?

La temporada 22/23 fue durísima. Lo pasé muy mal. Parece que, como es nuestro trabajo, te tienes que acostumbrar a eso. Sin embargo a eso no te acabas de acostumbrar nunca. Quizás ahora lo veo desde otra perspectiva, sé por dónde vienen los aires pero ese año lo pasé muy mal. De hecho, cuando terminó la temporada, me senté con Nicolás Sabariego y le dije que quería dejarlo, incluso él me dijo que también estaba cansado. En aquella temporada se estaba haciendo un sobreesfuerzo y parecía que no era suficiente para que se reconociera. Nunca acabas de hacerlo bien pero, desde dentro, sabemos lo difícil que es este trabajo cada temporada. Creo que, en general, no nos damos cuenta de con quién estamos compitiendo. Yo lo pasé muy mal porque quizás, si estuviera en otro equipo, me podría adaptar a las circunstancias pero estoy en mi casa, me duelo esto, sé los esfuerzos que he hecho a nivel personal y económico por estar aquí y es frustrante ver como siempre es insuficiente. Duele que las críticas vengan sin pensar en el trabajo hecho y sin ser consciente de por dónde me venían. Fue un año malísimo para mí, no pude disfrutar del título que conseguimos. Aquella temporada marcó un antes y un después.

¿Qué priorizas, después de las experiencias vividas, a la hora de hacer tu plantilla?

Preferimos menos calidad y más compromiso. Este año es un ejemplo de que ese criterio funciona. La temporada se puede poner como ejemplo en cualquier manual de dirección deportiva porque se cumple la frase: “Los partidos se ganan en la pista pero los títulos se ganan el vestuario”.

No hay nada como un vestuario donde la gente esté implicada, tenga hambre y quiera mejorar. La calidad en el fútbol sala como en cualquier deporte, es necesaria pero con un nivel de plantilla medio/alto como el que nosotros tenemos, unido a deportistas que llegan con ganas de mejorar y de meterse de lleno en nuestra dinámica, nos ha dado para competir muy bien y para ganar títulos.

¿Cómo se maneja un vestuario que cambia cada año y en el que conviven veteranos y jóvenes de nacionalidades y culturas diferentes?

Cada año es diferente y es el último capitulo que me queda por aprender de este deporte. Empiezas en la pista, manejando a nivel táctico el equipo, a tener tu metodología de trabajo y está la gestión del vestuario, la gestión de las personas que es lo más importante. Nunca se repiten dos años iguales en cuanto características personales de la plantilla. Este año tendremos 12 jugadores que, siendo los mismos, van a ser diferentes porque el año pasado no habían ganado nada y este año tienen dos títulos nacionales. Lo importante, en cualquier caso, es saber que tu línea de trabajo es inamovible, tener plena confianza en lo que haces y hasta donde puedes llegar. En todo esto es importante tener figuras base dentro del vestuario que, teniendo temporadas mejores o peores en la pista, dentro del vestuario son muy importantes, son figuras que te pueden ayudar en la gestión de vestuario. Son jugadores de la casa y que tienen conciencia de club.

El trabajo individual obliga a conocer la personalidad de cada uno para darle lo que necesita. En la primera charla de temporada siempre trato dos puntos. El primero es que serán tratados en relación con su comportamiento en el vestuario y que lo que yo quiero es un vestuario de profesionales y de hombres y, a partir de ahí, yo los trataré como profesionales y como hombres y no como niños. La segunda cosa es que cada uno, además de los objetivos colectivos, cada uno tiene objetivo personales por los que han venido a nuestro equipo. En relación con eso les digo siempre que, a lo largo de la temporada, yo intentaré ayudarles a que cumplan sus objetivos, si ellos me ayudan a conseguir la meta colectiva.

¿En esa charla no se habla de objetivos obligados, como base mínima para el club?

Yo tengo la suerte de que la exigencia del entorno nos llega a todos. Hay cosas que ya no tengo que decir. Cuando llega un determinado partido o una final, ya no es necesario que yo diga o recuerde el grado de exigencia. El ambiente, el día a día en la calle lo perciben y entienden dónde han venido y lo que se están jugando. A la mayoría de los que vienen a Jaén, les atrae esa presión y la certeza de que vengo a un equipo campeón y vengo a demostrar que estoy a la altura de lo que se exigen aquí. De hecho se ha caído fichajes muy avanzados porque no han aceptado ese reto y han cedido ante lo que podían conseguir y lo que debían trabajar para conseguirlo. Nuestro nivel económico no es tan alto como en otros sitios pero nuestro nivel de ambición y necesidad de ganar es muy alto y eso no lo asimilan todos los jugadores. Los que están aquí han aceptado el reto y la dificultad. Básicamente, por resumir, es que no nos ponemos objetivos, porque el objetivo a principio de temporada es ganarlo todo.

Ganar títulos, ser referente en el mundo de los entrenadores y estar quince años en el mismo banquillo es un éxito pero, hasta el éxito desgasta…

El deportista siempre quiere retos y como deportista buscas medirte, probarte y experimentar cosas que te parecen interesantes, luego cada uno tiene sus circunstancias pero esto lo he visto crecer, estoy en mi casa y eso te hace poner todo en la balanza y te planteas hasta dónde puedes ser capaz de llegar haciendo grande a este club. Esto se ha convertido en mi reto, podría irme a un equipo grande pero es que mi reto es este. Muchas veces me dicen que el entrenador necesita un cambio de aires y es cierto. Sigo pensando que cada día me queda un día menos pero cuando empiezo la temporada me vuelvo a esforzar por aprender y necesito motivarme a mí mismo con retos para que cada temporada sea diferente.

¿El muro presupuestario es muy disuasorio a la hora de afrontar objetivos?

Creo que en este momento podremos ser el séptimo presupuesto. Hay equipos que fluctúan dependiendo la temporada pero nosotros sabemos lo que hay, estamos encorsetados. Hemos llegado a unos máximos que en Jaén son muy difíciles de romper hacia arriba. Tenemos que luchar para que no se rompa por abajo. En lo deportivo partimos con la idea de ser el mejor equipo de La Liga y de obtener el mejor rendimiento de mi equipo. Creo que hay gente que lo valora porque cada día hay más gente que entiende de fútbol sala, que entiende de sistemas, que nos sigue y nos analiza, no sólo como espectáculo, sino como deporte y que, al entender más, sabe poner en valor lo que hacemos. Cuando ven que nuestra distancia táctica y de trabajo en relación con los grandes de presupuestos, se acorta, competimos y ganamos pues conceden a eso el mérito que tiene y eso siempre reconforta y te llena de orgullo.

¿Cómo valoras los premios y los reconocimientos profesionales que te llegan de fuera?

Valoro especialmente los análisis del aficionado imparcial. Está ese y el del gremio, el de los entrenadores. Creo que los entrenadores dan muchísimo valor a lo que hacemos aquí, lo que estamos haciendo como club y lo que estamos haciendo dentro de la pista. Creo esa filosofía y esa identidad es lo que muchos entrenadores desearían para su club y saben la dificultad que supone conseguirlas porque es fruto de mucho trabajo.

Antes, al principio, eramos un equipo simpático, capaz de ganar o hacer que los grandes lo pasaran mal pero después hemos ido creciendo y ya nos hemos convertido en un equipo incómodo, porque ganamos a los grandes, conquistamos títulos y superamos a esos equipos cuyos seguidores nos veían como una anécdota simpática. Ahora los pequeños se quieren medir con nosotros y los grandes se sienten incómodos porque somos capaces de ganarles. Desde que nuestros triunfos dejaron de ser esporádicos se acabó la gracia. Es muy importante dejar de ser una moda y habernos convertido en un club que compite por todo, todas las temporadas.

Este año se ha llegado a soñar con un triplete…

Lo del triplete era una barbaridad pero la gente se lo creía. Yo lo veía como un imposible pero a fuerza de ver y escuchar el ambiente que se había creado, hasta yo llegué a creermelo. Esta temporada ha sido extraña en eso porque, a la Copa del Rey, fui con menos miedo que nunca. Teníamos muchas dificultades, con ausencias por sanción, como Mati Rosa, o lesiones pero veía al equipo convencido de que íbamos a ganar y, claro, por mí no iba a ser. El éxito de este equipo era saber que no era peor nadie y que, uniendo fuerzas, se podía.

A lo largo de la entrevista has hablado de dos cosas especiales la “crisis” de la temporada 22/23 y de la certeza de estar viviendo tu último ciclo, un ciclo que termina en 2028. ¿Podrías ahondar más en estos dos temas?

Aquella temporada fue un punto de inflexión. Cuando empiezas un proyecto vas sumando cosas, experiencias, títulos pero llega un momento en el que te das cuenta que ya la suma se detiene y empiezas a restar. Mientras sumas no lo piensas pero yo, en 2022, empecé a ver el final. Tanto Nicolás como yo nos planteamos muy seriamente dejarlo. Me senté con él porque yo no necesitaba un descanso, necesitaba irme porque todo lo que hacíamos era insuficente. Él estaba en la misma situación que yo porque le habían pasado muchas facturas y había recibido demasiadas críticas. Era injusto porque si ponemos en una balanza nuestros errores y nuestros aciertos, la balanza se inclina hacia los aciertos y eso que, tanto él como director deportivo como yo en el puesto de entrenador, hemos tomado decisiones complicadas y poco populares, pero siempre lo hicimos pensando en el club. Ese año fue crítico porque, además de los reproches deportivos, hubo muchísimos ataques personales contra los dos. Incluso, te diría que hubo más ataques personales que profesionales. Después de valorar el hecho de dejarlo todo, decidimos seguir pero ni nos supo de consuelo ni disfrutamos aquella Copa de España.

¿Y el ciclo?

Lo digo de broma pero es cierto que, o por bueno o por malo, me tengo que ir. Intentaré irme por bueno, no por lo otro. La verdad es que firmé un contrato hasta 2028 y creo que ese va a ser límite y no porque necesariamente ve vaya a ir a otro equipo. Creo que llegada esa fecha yo necesitaré un reseteo y el club, muy probablemente, lo necesite también. Quedan dos temporadas y vamos a ver cómo se da la próxima. Dicen que cuando uno piensa que se puede ir, ya se ha ido. No es mi caso. Lo he pensado varias veces, no me he ido y sigo trabajando más que nunca. En cualquier caso 2028 es una fecha en la que separarnos le puede venir bien al club y me puede venir bien a mí.

¿Pesa más lo profesional, lo personal o lo familiar?

La parte de la familia es fundamental por lo bueno y por lo malo. Cuando las cosas han ido mal yo no he sufrido por mí, he sufrido por mi familia. Mi familia ha sido la que peor lo ha pasado (diciendo esto, Dani Rodríguez se emociona y los ojos se le humedecen). Era muy duro que mi hija, hace tres o cuatro años, tuviera que escuchar según qué cosas que se decían de su padre. Sabiendo yo cómo siente ella esto y cómo es de forofa. Yo puedo soportar cualquier cosa pero pensar en eso me afecta. Luego, cuando las cosas viene bien, la familia también lo disfrutan. Pero, unas de las razones por las que piensas en salir  es porque, todo esto, fuera de casa, sería diferente. Pero cuando, en 2023 pensé en irme, la familia fue la que me dijo que valorara que estaba en casa y que lo que estaba haciendo era muy importante como para dejarlo.

¿Entiendes que por la calle te pidan ya más de lo mismo?

Después de 15 años empiezo a entenderlo y lo que puede ser una presión lo interpreto como un halago. Hay gente que está deseando que tropieces para pasar factura pero es más la gente que te lo dicen con la mejor intención y lo hacen de buena manera y con un grado de implicación que no puede molestar. Tenemos que estar contentos porque hemos logrado tener una afición, una masa de seguidores que sigue al fútbol sala y lo sigue como club y no como equipo que representa a Jaén y por eso hay que apoyarlo, nos siguen a nosotros. Hay mucha gente identificada con nuestro proyecto, que te para por la calle y entiendes que forma parte de lo que nosotros representamos, llevan nuestro escudo, se lo tatúan… en fútbol estarán más acostumbrados pero esto para nosotros es el verdadero éxito.

Deja tu comentario

¡Escribe tu comentario!
Introduce tu nombre

17 + = 26
Powered by MathCaptcha