Juan Antonio García Soriano nació en un pueblo de la provincia Jaén, en la Comarca del Condado, llamado Satisteban del Puerto. Tiene 78 años y en la actualidad reside en Sevilla. García Soriano, es uno de los tres jugadores de fútbol nacidos en Jaén, que han alcanzado la internacionalidad absoluta. Juan fue internacional dos veces. También han sido internacionales absolutos, los jienenses Carlos Muñoz, “Carlos” y Manu del Moral. La  primera internacionalidad de García Soriano, fue el 25 de septiembre de 1974 en Copenhague contra Dinamarca y su segundo partido lo disputó el 12 de octubre del mismo año contra Argentina, en la ciudad de Buenos Aires.

La historia personal de García Soriano tiene muchos puntos de encuentro con la de tantas personas, familias enteras, que tuvieron que dejar Jaén para encontrar sustento lejos de sus pueblos. El levante español fue uno de los destinos en los que aquella Andalucía emigrante encontró acomodo y oportunidades, la de nuestro protagonista salió de Santisteban del Puerto y se afincó al norte de Valencia, en la localidad de Puerto de Sagunto. Más tarde la familia se trasladó a Barcelona, donde Juan empezaría a dar las primeras señales de su talento futbolístico. Como todos los niños de aquella época, empezó a jugar en el colegio y en la calle. Sus destellos iniciales terminaron captados por el observatorio de futbolistas embrionarios, del FC Barcelona. Juan pasó por el Juvenil del conjunto catalán pero, su camino siguió por otros lugares y terminaría debutando en Primera División con la camiseta del popularmente conocido como “equipo arlequinado”, el C.S. Sabadell . En la mítica Nova Creu Alta, Juan García Soriano, que procedía del Levante, tuvo su primera experiencia en la máxima categoría del fútbol nacional y allí se fue construyendo el jugador que luego brillaría en el Real Murcia y que iba a encontrar, años después, en el Real Betis Balompié el marco que le ha consagrado como parte de la historia del club helipolitano.

Copa_1977.jpg Producción ABC.

En 1974 el Real Murcia, con Juan Antonio García Soriano en su equipo, luchaba por conservar la categoría en Primera División y, dentro de aquel equipo modesto que peleaba con sus iguales para seguir en la élite, un jugador llamó la atención de Ladislao Kubala, Seleccionador de España. García Soriano fue seleccionado, convirtiéndose en el primer jugador del Real Murcia que, vistiendo la camiseta pimentonera, alcanzaba la internacionalidad. Aquella gesta personal terminó por convertirse en puente para fichar el Real Betis, club en el que viviría la etapa más fecunda de su carrera, en lo deportivo y en lo personal. El extremo rozó niveles altísimos tanto en la competición nacional como en los compromisos europeos de su equipo. Ganó la primera edición del Copa de S.M. el Rey, en 1977, jugó 6 temporadas en el club verdiblanco y ha seguido vinculado al club hasta el año pasado pero, de hecho, Juan García Soriano pertenecerá al Real Betis de por vida y el club siempre lo reconocerá como un valor permanente, por su cariño, su lealtad y por el ejemplo deportivo y humano que representa.

¿Cuándo empezó a jugar al fútbol? ¿Tenía algún familiar que hubiera sido futbolista?

No, yo no tenía el antecedente de ningún familiar futbolista y empecé como todos, jugando en el colegio. Superé unas pruebas para los infantiles del FC Barcelona y ahí me quedé. Pasé por distintos equipos de la cantera azulgrana hasta que con 17 años me traspasaron al Levante, que en aquella época estaba en Primera División, aunque cuando yo me incorporé ya había descendido a Segunda. Mi madre no quería que me trasladara a Valencia y tuvo que ser el propio presidente del club quien le garantizó que yo viviría en su casa, cosa que así ocurrió. Primero me alineé en el Atlético Levante y más tarde pasé al primer equipo, donde coincidí con muy buenos futbolistas de los que aprendí mucho.

A los tres años de estar allí llegó una oferta del Sabadell y a todos nos convenció. El Levante ganó un dinero, yo pude debutar en Primera División y mi familia volvió a tenerme en Barcelona, que era donde vivían mi madre y mi hermana.

Los años de Sabadell también fueron muy felices. Durante la primera temporada compaginé la mili con mi presencia en el equipo y en las siguientes me fui haciendo un hueco que me llevó a ser titular indiscutible en la campaña 1972-73.

3. ¿Cómo podría definirse como futbolista para el que no le haya visto?

Yo jugaba de extremo, por lo general de extremo derecho, aunque a veces también lo hice por la izquierda y creo que era un jugador rápido, que le pegaba bien al balón con las dos piernas, pero que tal vez no tenía mucho físico. Quizá esa era mi mayor carencia.

4. ¿Cómo llegó al Real Murcia y qué supuso para ser el primer y único internacional del equipo murciano?

El Sabadell me traspasó al Real Murcia en 1973 cuando se hablaba mucho de mí en los medios de comunicación, incluso se llegó a decir que me quería el Real Madrid. Pero el Murcia se hizo fuerte, desembolsó una cantidad importante y allí pasé dos temporadas extraordinarias. Debuté en la selección en un Dinamarca-España jugado en septiembre de 1974 en Copenhague y posteriormente en un Argentina-España disputado en Buenos Aires el 12 de octubre de 1974.

Ya os podéis imaginar lo que supuso para mí ser internacional en un equipo que luchaba por la permanencia. Por eso me siento tan orgulloso de ser el único jugador que a lo largo de toda la historia del Real Murcia ha sido internacional con la selección española.

5. ¿Qué recuerdos tienes de tu llegada al Real Betis? ¿Te costó aclimatarte al equipo bético, a su juego y a la ciudad?

Mi llegada a Sevilla fue maravillosa porque la gente me acogió con mucho cariño, tanto en el vestuario como en el club y, sobre todo, entre los aficionados. El único aspecto negativo fue que me lesioné muy pronto, jugando un partido de la Copa de Andalucía contra el Sevilla. Las radiografías no revelaban la pequeña fisurita que tenía en el peroné hasta que pudieron detectarla a través de una ecografía. Fue una etapa muy dolorosa en la que incluso llegué a llorar en el vestuario por no poder darle al Betis lo mucho que el Betis y los béticos me estaban dando a mí. Esa fue la causa de que jugara tan pocos partidos en mi primera temporada en Heliópolis. Felizmente me recuperé y, a partir de ese momento, todo fue distinto.

6. ¿Cómo fue aquella final de la primera Copa del Rey?

Aquello fue extraordinario, inenarrable. Lo que supuso el título de Copa para la generación de futbolistas que la conseguimos y, particularmente, para el club y para la afición es algo que permanecerá en el recuerdo por mucho tiempo que pase. En absoluto éramos favoritos ante una escuadra tan poderosa como la del Athletic de Bilbao, que venía de ser subcampeón en la Copa de la Uefa, y la final la jugamos en franca desventaja en cuanto al número de aficionados en el estadio. Pero aquel equipazo que tenía el Betis pudo con todo. Fuimos dos veces por detrás en el marcador, en los lanzamientos de penaltis tuvimos enfrente a Iribar y nos sobrepusimos a todos los lances del juego.

Era. además, la I Copa del Rey y por eso los béticos la siguen recordando como una gesta histórica. También nosotros, los futbolistas que participamos en ella, quienes nos seguimos reuniendo todos los meses desde hace ya muchos años para que se mantenga viva esa llama. E igual ocurre en el club, que en los últimos tiempos nos ha hecho objeto de múltiples homenajes y que sigue perpetuando la memoria de aquella hazaña como uno de los grandes hitos en la historia de la entidad.

7. ¿Qué ha significado el Betis para usted como futbolista y como persona?

Como ha quedado dicho con anterioridad, yo he jugado en diversos equipos y en todos tuve la fortuna de ser muy bien tratado, pero al Betis lo siento como al club de mi vida y al que serví hasta el año 2025. El Betis es algo muy especial, sin duda un sentimiento, que no se puede entender hasta que no se vive. La pasión de los béticos, su fidelidad inquebrantable al club, el cariño y el ánimo que le trasladan a los jugadores… En fin, algo que hace que este club sea especial y que merezca la pena que se haga cualquier esfuerzo por él.

8. ¿Qué compañeros le han marcado especialmente a lo largo de tu carrera?

Han sido muchos y todos muy queridos. Con los que coincidí en un vestuario y a los que me enfrenté como rivales. De mi época en Sabadell y Murcia recuerdo con mucho afecto a Pepe Cristo, que, desgraciadamente, murió muy joven. Me marcaron jugadores  extraordinarios como Sol, Camacho o De la Cruz y disfruté mucho viendo jugar a futbolistas tan imponentes como Johann Cruyff o Rafael Gordillo.

Pero, sobre todo, me siento muy cercano a los compañeros que ganamos la Copa: Cardeñosa, López, Bizcocho, Biosca, Esnaola, Cobo, Sabaté, Megido, Eulate, Anzarda, Campos o Del Pozo y siempre tenemos en el recuerdo a los que desgraciadamente ya nos dejaron: Benítez, Alabanda, Rogelio y Lobato. A los que hay que sumar a los dos futbolistas extranjeros de aquella plantilla que no pudieron jugar la Copa del Rey, ya que entonces no lo permitía la reglamentación. Me refiero a Gerry Muhren y Attila Ladisnzky, también dolorosamente fallecidos.

9. ¿Qué te ha parecido el Mundial?

El Mundial me ha provocado una satisfacción muy especial, un gozo enorme. El fútbol en la actualidad está muy igualado y cualquiera puede ganarle a cualquiera. Pero la selección española ha sido muy consecuente con su modelo de juego y, sobre todo, ha dado un ejemplo de compañerismo que la ha convertido en el mejor equipo del campeonato. Su triunfo ha sido muy justo y esa manera de luchar, de ayudarse en el campo los compañeros y de únicamente jugar al fútbol creo que debe enorgullecernos a todos. Sin duda, ha salido ganando el fútbol.

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