Raúl Galiano, ha calificado de eterna la temporada 25/26 de Jaén Paraíso Interior, en un relato de la campaña en la que el conjunto jienense ha logrado dos títulos nacionales, Copa de España y Copa del Rey, y ha competido hasta el final por la Liga. Los grandes momentos y los momentos de dificultad quedan recogidos en esta crónica que nos ayuda a viajar por una temporada que los aficionados no podrán olvidar…porque ya es eterna.
El articulo lo pueden leer también en nuestro último número de la versión en papel de Palabra de Fúbol, donde encontrarán las fotos de los momentos más emotivos de la final de Copa del rey y de las celebraciones de afición y jugadores.
Raúl Galiano.- Hay temporadas buenas. Hay temporadas memorables. Y luego están esas campañas que trascienden los resultados para convertirse en parte de la historia de un club y de una provincia. La 2025-26 del Jaén Paraíso Interior pertenece, sin ninguna duda, a este último grupo.
Pocos podían imaginar lo que estaba por venir cuando el conjunto amarillo aterrizó en Granada para disputar la Copa de España. El equipo llegaba en liga sin transmitir las mejores sensaciones. Sin embargo, si algo ha demostrado el Jaén durante los últimos años es que las grandes citas son su hábitat natural. Allí donde otros sienten presión, los hombres de Dani Rodríguez encuentran inspiración.

Granada volvió a teñirse de amarillo. Miles de aficionados desplazados convirtieron las gradas en una prolongación de Jaén. Y, poco a poco, lo que parecía un sueño lejano comenzó a tomar forma. El equipo superó obstáculos de enorme entidad como El Pozo de Murcia e Inter Movistar, alimentando una ilusión que crecía con cada partido.
La final reservaba el desafío más exigente posible: el FC Barcelona. El gigante del fútbol sala nacional frente a un Jaén que nunca entendió de complejos. Tras un ejercicio de resistencia, compromiso y fe colectiva, el encuentro terminó sin goles. Todo se decidiría desde los seis metros. Y allí, donde los nervios pueden derrumbar cualquier castillo, emergió una vez más el carácter inquebrantable de este equipo. La tanda de penaltis coronó al Jaén Paraíso Interior con su cuarta Copa de España y la segunda conquistada en Granada. Una nueva página dorada para la historia del club. Pero el curso todavía guardaba muchas emociones.

La vuelta a la competición liguera devolvió al equipo a una realidad exigente. La clasificación para el play-off por el título de liga fue complicada y no se decidió hasta la última jornada, como visitante, ante Industrias Santa Coloma. El guion estaba escrito para el drama. Durante muchos minutos, el Jaén estaba fuera de los ocho primeros pues iba perdiendo dicho partido. Sin embargo, la épica se ha convertido desde hace tiempo en una compañera inseparable de este equipo.
Cuando el encuentro agonizaba, Dani Rodríguez solicitó la revisión de una acción decisiva. La tecnología confirmó la infracción y señaló un libre directo sin barrera. Joao Salla asumió la responsabilidad y transformó el lanzamiento que mantenía viva la temporada. Un gol que valía mucho más que un empate. Un gol que metía al Jaén en el play-off por el título.
Y cuando parecía que la temporada ya había ofrecido suficiente, llegó Cáceres.
La Final Four de la Copa del Rey volvió a demostrar que este grupo posee algo especial. En semifinales apareció de nuevo el FC Barcelona. Y, otra vez, el desenlace favoreció a los amarillos desde el punto de penalti. El destino parecía empeñado en repetir historias felices. En la final esperaba Jimbee Cartagena, pero tampoco pudo evitar que el Jaén levantara un nuevo trofeo. Dos copas nacionales en apenas dos meses. Un doblete histórico que desató la celebración de toda una provincia.

Con el desgaste físico acumulado, las lesiones, las infiltraciones y la ausencia por sanción de Mati Rosa, llegó el momento de afrontar los cuartos de final por el título liguero frente a El Pozo de Murcia, segundo clasificado de la fase regular.
El primer encuentro, disputado en Murcia pocos días después de las celebraciones de Cáceres, fue demasiado cuesta arriba para un equipo que había vaciado el depósito en busca de la gloria. La derrota parecía escrita incluso antes del pitido inicial.
Pero entonces apareció el Olivo Arena.
Porque hay palacios de deportes y hay hogares. Y cuando la Marea Amarilla empuja, las fuerzas que faltan aparecen donde parecía imposible encontrarlas. El Jaén firmó un gran segundo partido, igualó la eliminatoria y obligó a disputar un tercer y definitivo encuentro. Y qué encuentro.
Fue una batalla magnífica entre dos equipos que honraron este deporte. El Pozo acariciaba la clasificación, pero dos goles de Alan Brandi con portero-jugador en los últimos segundos llevaron el choque a la prórroga. Los penaltis parecían acercarse. Después de las exhibiciones realizadas durante toda la temporada desde los seis metros y con Espíndola atravesando un momento extraordinario, muchos comenzábamos a imaginar otro final feliz. Pero el deporte también escribe historias crueles.
Apenas quedaban dos segundos cuando Dener conectó un disparo extraordinario que acabó en la red. No hubo tiempo para reaccionar. No hubo tiempo para una última heroicidad. Solo para reconocer el mérito del rival y despedir una temporada irrepetible. Porque una derrota no puede empañar todo lo conseguido.

El Jaén Paraíso Interior cierra el curso con un doblete histórico formado por la Copa de España y la Copa del Rey, con una nueva Copa de Andalucía en las vitrinas y alcanzando los cuartos de final del play-off por el título, obligando a un candidato al campeonato a disputar el tercer partido de la serie. Y detrás de todos estos éxitos hay nombres propios que merecen reconocimiento.
El primero, inevitablemente, es Dani Rodríguez. El gran capitán de este barco. Un entrenador que siente el club como pocos y que ha convertido al Jaén Paraíso Interior en una referencia nacional y mundial. Las críticas aparecen en los momentos difíciles, como ocurre en cualquier gran proyecto, pero los hechos hablan por sí solos. Su próximo reconocimiento con el Banquillo de Oro, compartiendo prestigio con técnicos de la talla de Luis Enrique o Iñigo Pérez, no es fruto de la casualidad. Es la recompensa a años de trabajo, constancia y excelencia.
También merece una mención especial Nicolás Sabariego, arquitecto silencioso de muchas de las alegrías recientes. En tiempos donde abundan los fichajes de nombres, el Jaén sigue apostando por fichar hombres. Jugadores elegidos por su compromiso, por su capacidad de adaptarse a una idea y por entender qué significa defender este escudo.
Y, por supuesto, están ellos. Los futbolistas. Los que estuvieron, los que llegarán y los que seguirán escribiendo esta historia. Porque ningún éxito nace por generación espontánea. Detrás de cada celebración hay horas de trabajo, sacrificio, lesiones, viajes, derrotas y esfuerzo invisible.
Pero si existe un elemento capaz de unir todas las piezas del puzle, ese es la afición. Esa Marea Amarilla que acompaña al equipo por toda España, que convierte cada desplazamiento en una demostración de orgullo y que ha hecho del Jaén Paraíso Interior algo mucho más grande que un simple club de fútbol sala.
Quizá dentro de unos años los aficionados recuerden los títulos, las tandas de penaltis, los goles decisivos o las celebraciones. Pero por encima de todo recordarán cómo les hizo sentir este equipo. Y eso, en el deporte, es el legado más difícil de conseguir.
Porque las copas llenan las vitrinas. Las victorias ocupan las estadísticas. Pero las temporadas como esta permanecen para siempre en la memoria. Y la de 2025-26 ya es eterna.


















































