Miguel Arcas, con Carlos, internacional nacido en Úbeda y exjugador, entre otros, del Real Oviedo

Miguel Arcas Rentero (Ibros, Jaén. 1960) representa, sus palabras le definen perfectamente, un vestigio valioso de ese fútbol que ha desaparecido entre las corrientes voraces del mercado, las modas y los partidos televisados. Arcas habla en esta entrevista de cosas que pasaron y que tenían tanto arraigo que parece mentira que sólo sean un recuerdo. Las descripciones, la situaciones y los nombres que aparecen en esta conversación, representan el viaje a un tiempo que está a la vuelta de la esquina pero que parece  remoto y que ahora sólo está presente en los relatos de estos iconos de aquel fútbol, que fue motor de intercambios y que vertebró territorios a base de migraciones dominicales por toda la provincia. En Ibros, la figura de Arcas va unida a momentos de felicidad inmensa y a grandes dosis de autoestima.

Ibros es un pueblo de fútbol que supo contar como nadie Cristóbal Gámez en crónicas casi visuales, que realizaba para Radio Jaén, y en las que este deporte tomaba cuerpo de fenómeno social y una dimensión épica, que trascendía lo puramente deportivo. Cristóbal fue el mejor narrador de las virtudes de Arcas y en sus crónicas ya se adivinaba la dimensión futbolística y humana del jugador.

 Miguel Arcas conserva con nitidez la película que rodaron él y la pelota. Nos cuenta su vida en el fútbol con el realismo del que la ha vivido intensamente. Habla con pausa y sin poder evitar puntas de emoción al recordar la gloria, los reconocimientos, la íntima relación con el gol, el éxtasis y el triunfo; la asunción de los errores, la soledad honda y sorda de sentirse alguna vez, rechazado e incomprendido entre los suyos, y la alegría de mirar atrás y ver una extensión enorme tiempo vivido y lleno de amigos que le recuerdan, lo quieren y valoran al futbolista pero, por encima de todo, a la persona. Fútbol contado.

¿Cómo empezó todo?

Yo nací atado a un balón. Desde que tengo memoria me recuerdo dando patadas a la pelota en cualquier sitio, en la calle, contra las paredes, jugando con los amigos. En Ibros jugábamos en cualquier parte. Donde está ahora el campo “Manuel Fernández” había un descampado, una era. Jugábamos allí o en Triana, no importaba el sitio mientras hubiera una pelota. Recuerdo que eramos,  Garzón y yo los que hacíamos los equipos porque en ese tiempo, los que mejor jugaban organizaban con quién iba cada uno y Paco Garzón y yo eramos de los mejores. La verdad es que siendo críos, hacíamos barbaridades para jugar. Íbamos a Lupión, Canena, Begijar o Baeza andando, jugábamos el partido, había líos, peleas y nos volvíamos andando. Imagina cómo era la afición que teníamos por el fútbol.

¿Cuándo llegas al fútbol federado?

Antes de nada tengo que recordar que mis padres no me dejaban jugar al fútbol. Ellos siempre tenían el temor de que me pudiera romper una pierna o un brazo y eso me hacía más difícil todo pero, me las ingeniaba. El primer equipo federado en el que jugué fue el Bejigar. Entonces tenía 17 años. De Ibros, fuimos Bollo y yo. La verdad es que allí aprendí mucho. Había dos veteranos que me enseñaron una barbaridad, Juan Lucas y “Peseta”. La temporada siguiente me fui a la SD Ferroviaria.

La “Ferro” te marcó mucho…

La verdad es que sí, ha sido el equipo que más me ha marcado como futbolista. El equipo tenía muchas limitaciones. No teníamos material. Había un saco lleno de botas y conforme íbamos llegando, cogíamos las que quedaban. Pese a todo, fue un año muy bueno. Cuando llegamos, el equipo estaba en mitad de la tabla, nos veíamos sólo de domingo a domingo pero, al final quedamos campeones. Me salió una temporada muy buena en lo personal y en lo colectivo, extraordinaria. Se notaba que el equipo era un grupo de amigos que iban a echar un buen rato de fútbol los domingos. Me queda la satisfacción de que allí decían que los ibreños tanto Bollo, el portero, como yo habíamos cambiado la historia del equipo. Fuimos campeones de nuestro grupo y luego jugamos tres partidos contra el Villanueva del Arzobispo del Arzobispo, perdimos en Villanueva, ganamos en el campo del Zambrana, en el que jugamos de locales porque nuestro campo no reunía las condiciones, y el desempate fue en Úbeda, donde ganamos también. En aquel partido, paradójicamente, nos expulsaron a Juan Alarcón, del Villanueva y a mí. Digo, paradójicamente porque Juan es una gran persona y mantenemos un amistad muy estrecha. Cosas del fútbol.  

Sólo jugaste en la SD Ferroviaria una temporada…

Es que me salió muy bien aquella temporada y eso hizo que otros equipos se fijaran en mí. Fue el Baeza el que tuvo más interés y allí jugué la siguiente campaña. El equipo estaba en Regional Preferente, una categoría que entonces era muy fuerte, con equipos y campos que impresionaban, por la calidad y por la dureza que suponía jugar en esos campos. Aquel año, de no haber tenido que irme a la mili, creo que hubiera sido el año decisivo parra que yo pudiera dar un salto mayor. José Luis, un entrenador sevillano que tuvimos esa temporada, al verme jugar se sorprendió y me dio una confianza enorme. Además, aquel equipo tenía unos jugadores buenísimos, Rafa Ruano, Diego Martín, Luque, que eran de Jaén. También estaban los hermanos Torres, de Linares…Lolo o Moraga, del que aprendí mucho. En ese equipo estaba mi amigo y paisano Paco Garzón, otro de los grandes jugadores que yo he conocido y que tuve la suerte de tener como compañero en Baeza y también en nuestro pueblo, en Ibros. La verdad es que teníamos un equipazo pero, tuve que irme a la mili y, aunque jugaba cada vez que venía de fin de semana, la mili me cortó la trayectoria.

Saliste de Baeza a Ibros, mediando un pago por traspaso…

El Ibros pagó 35.000 pesetas de aquella época para que pudiera jugar en el Ibros CF. Aquel esfuerzo del equipo por mi carta de libertad era una alegría y una responsabilidad. Imagina lo que supuso aquello, la llegada fue muy especial por el equipo, por la afición y por toda la gente de Ibros en general. Había un equipo de jugadores del pueblo y todos de enorme calidad, estaban Mendoza, Garzón, Cohete, Alfonso, Antoñillo, Joaquín…. Teníamos un buen equipo y lo más llamativo, con gente de nuestro pueblo. Allí logré uno de los triunfos más importantes de mi carrera de futbolista a nivel deportivo y a nivel personal. Ganar la Copa del Gobernador Civil fue algo inenarrable, es difícil expresarlo con palabras. Las calles del pueblo esa tarde se quedaron vacías, el pueblo entero se desplazó a Úbeda para ver la final en el Estadio de La Victoria, contra el Lopera. Ganamos 3-0. Ganar, ver a los ibreños celebrarlo en Úbeda y luego volver con la copa al pueblo y encontrar allí a todo el pueblo de Ibros en la calle, fue una sensación que se me quedó marcada para siempre. No había llorado nunca en el fútbol y aquel día lloré, al ver cómo la gente celebraba aquello y cómo nos demostraban su alegría y su cariño. Es algo que me emociona todavía al recordarlo.

Todo eso desembocó en tu llegada a la Tercera División pero no fue fácil…

Salir de mi pueblo me costó mucho trabajo. Era mi equipo y lo que yo quería era establecerme en Ibros con un trabajo. Se me dijo eso y se me prometió pero, al final, aquello no salió y había muchos equipos de Tercera División que me estaban llamando, Villanueva, Iliturgi, Torreperogil. Lo pensé bien y como el tema del trabajo no salía me decidí por ir a Villanueva. Aquello fue duro porque hubo gente en Ibros que se lo tomó mal e, incluso, hubo personas que dejaron de hablarme. Es difícil notar como te afecta el sentirte solo en tu pueblo. Afortunadamente soy una persona de mente fuerte y siempre me he me sobrepuesto a las adversidades. En eso también me ayudó que soy muy constante y que siempre he confiado en mis posibilidades. El primer partido que jugué con el Villanueva fue un partido de lo que se llamaba “Copa de La Liga” y lo jugamos con el Sevilla Atlético. Salí en el banquillo y en la primera parte íbamos perdiendo 0-1. Al empezar el segundo tiempo del partido, Chicote me dijo: “Arcas caliente usted”,  y yo me dije: “Tienes que salir a arrasar” y, efectivamente, ganamos 2-1 y marqué los dos goles. Aquello fue un antes y un después. A partir de ahí hice una temporada buenísima y jugué otra temporada más en la que marqué más de 20 goles. Había un plantilla impresionante, Casas, Carrero, Sánchez, Carriquí...un puñado de futbolistas de superior categoría.

Dos buenas temporadas y salida al Martos CD…

Sí y otra vez, en este caso en Villanueva, hubo malestar por mi salida pero el Martos CD  en aquella época era un equipo potentísimo y con un historial impresionante. Me fui por eso pero  sabía, que allí lo tendría muy complicado para jugar porque imagina lo que yo tenía por delante, a Pepe Cuesta y Pepe Bermúdez, dos de los mejores delanteros que he tenido como compañeros. Sabía que tendría que trabajar muy duro, tanto que hice una pretemporada por mi cuenta antes de llegar a Martos. Me salió una muy buena pretemporada con el Martos, hasta el punto de que la directiva, al margen de lo que habíamos pactado, me subieron el sueldo otras 5000 pesetas más, que en aquella época era mucho. Creo que el Martos ha sido el mejor equipo en el que yo he estado, deportivamente hablando. El entrenador era Rafael Sedano y de jugar con un 4-4-2, que era su sistema, acabó jugando con un 4-3-3 para que yo entrara. El equipo era para descubrirse, además de los “Pepes” estaba Antonio Parras, un líder,  y otro de los grandes futbolistas con los que he jugado. Palomino, Doblas, Carlos, Carrasco… jugábamos muy bien al fútbol. Aquel año, el CD Málaga que entrenaba Antonio Benítez, estuvo siguiéndome. Eso del Málaga no fue a más pero la temporada que hicimos fue brutal. Pepe Cuesta, que se fue a mitad de temporada, marcó “ventitantos” goles, Bermúdez también pasó de los 20 goles, yo marqué 18 goles, me hicieron 6 penaltis y di un montón de asistencias de gol. Mi temporada, como la del equipo, fue extraordinaria.

La siguiente temporada hubo un aluvión de equipos en busca tuya…

Hubo una reestructuración y Córdoba, Linares, Real Jaén, Ceuta y Levante se interesaron por mí. Me fui a Ceuta. El equipo era fuerte y yo había estado haciendo la mili allí, con lo que me decidí por el Ceuta. Llegué cargado de ilusiones. Yo tenía 26 años y, en la cabeza, hacer una gran temporada en Ceuta y después jugar en el Cádiz, pero allí las cosas no fueron bien. No encontré lo que esperaba y, quizás, tampoco estuve como yo hubiera querido. No me arrepiento de nada de lo que he hecho en el fútbol pero creo que aquella decisión fue un error. Quizás el sitio hubiera sido el Levante pero eso nadie lo sabe. Lo cierto es que como no estaba bien en Ceuta, rescindí el contrato y me vine a casa.

A Torredojimeno…

De Ceuta volví un poco asqueado del fútbol pero nada más llegar, ya tuve llamadas y ofertas de varios clubes, al final me decidí por Torredonjimeno, otro sitio en el que me trataron extraordinariamente y donde dejé muchos amigos. Además hubo algo muy importante siempre pero mucho más en aquellos tiempos, me ofrecieron el dinero “a tocateja”, los cinco meses que estuve los cobré al llegar. Fueron sólo cinco meses pero fue un tiempo que recuerdo con muchísimo cariño. También tuve la suerte de tener como entrenador a Manolo Ureña y ha compañeros como Molina, Montijano o Caravaca. La temporada no fue muy buena en lo deportivo pero humanamente mereció la pena.

Ese año boda y más fútbol

La temporada siguiente firme con el Úbeda y con mi mujer, me casé. El presidente del Úbeda era Victor Expósito, que ya me conocía como futbolista, y Julio Fernández “Chicote” era el entrenador. Aquella temporada salió una norma por la cual sólo se podían alinear dos futbolistas mayores de 27 años y estábamos cinco. Soto, el portero de Linares, Mendoza, Juan Latorre, Sánchez y yo. Además estaban Fernado, Ramirez, Gómes Romero, entre otros, todos muy buenps futbolistas. Al final, de los mayores de 27 años, nos quedamos Mendoza, Juan Latorre y yo. Mendoza era fijo en la portería y Juan y yo rotábamos. Ese año acabó mal porque tuve un accidente de coche. Al año siguiente firmé por el Baeza que estaba en Regional Preferente. Empezamos con Bueno Jurado en el banquillo, que cesó a mitad de temporada y le sustituyó Luis Fiñana, un señor del fútbol. Luis entrenó esa temporada y la siguiente, con Fiñana como entrenador, ascendimos a Tercera División.

Hubo un periodo en el que estuviste jugando entre Úbeda y Baeza varias temporadas

Sí, fui varias veces de un equipo a otro hasta que Paco Montijano se hizo cargo del Martos y me llamó. Paco hizo un gran equipo con jugadores como Fernando Campos, Esteban Cara, que daba gusto verle entrenar, Guillen, Antoñuelo, Garrido, Cámara…ese año nos metimos en la Liguilla de Ascenso, con Real Betis, Plasencia y Puertollano. La Liguilla no fue como queríamos pero nos metimos entre los cuatro primeros que era el objetivo para que la afición disfrutara.

Después de aquello decides retirarte

Cuando me di cuenta de que ya no disfrutaba con el fútbol decidí dejarlo. Ya no me sentía motivado ni me notaba con las ganas de seguir, no tenía aquel ritmo ni la ilusión que había tenido siempre. Cuando noté eso vi que era el momento de abandonar el fútbol y dedicarme al trabajo y a la familia.

Imagino que del fútbol te habrás llevado recuerdos, anécdotas y muchos amigos

Del fútbol me quedan muchos amigos, infinidad de recuerdos y muchas anécdotas. Hay una que, cada vez que la recuerdo, se me eriza el bello. Como mis padres no me dejaban jugar yo tenía que atender siempre, primero el trabajo en la aceituna y luego, en todo caso, el fútbol. La Ferroviaria perdió un partido de liga contra el Andújar y, al siguiente, mis compañeros que sabían mi situación, pusieron cien pesetas cada uno para pagarme el jornal, 1.800 pesetas, para que no fuera a la aceituna y jugara el siguiente partido. Le dije a madre que no iba a la aceituna y me dijo que había que ir porque no se podía perder el jornal, entonces le di el dinero de mis compañeros. Aquel gesto de mis compañeros marcó un antes y un después porque mis padres comprendieron que aquello me gustaba y que era tontería el oponerse. Aquello me hizo saber lo que significa el equipo y lo importante que era mantenerlo unido. Eso me sirvió para que, en una ocasión que no tenía otro medio para llegar a la hora que salía el equipo, fui corriendo de Ibros a la Estación y cuando llegué ya se habían ido mis compañeros; seguí en autostop y un aficionado de Ibros que pasaba se ofreció a llevarme. Llegué a tiempo de que pudieran meter mi ficha. Salí en el banquillo y en el segundo tiempo jugué y marqué dos goles, ganamos 1-2. Esas recompensas sólo las sabe el que las disfruta.

¿Cómo fue lo de los maletines, que viviste cuando jugabas en el Martos CD?  

Yo jugaba en el Martos CD y había un partido muy importante con el Poli Almería. Yo estaba haciendo una buena temporada y, por lo visto, pensaron que tocarme a mí, les podía ayudar. Lo cierto es que una persona se presentó en mi casa y me ofreció 75.000 pesetas para que a los diez minutos de partido, provocara mi expulsión. Imagina lo que era esa cantidad en aquellos tiempos. Era mucho dinero para mi, para mi familia…para cualquiera. Esa cantidad le hacía dudar al más recto pero, para que veas lo que son los valores que te dan en casa, mi madre por si había alguna duda, me dijo que de ninguna forma, que el Martos se estaba portando muy bien conmigo y que no se le podía “cruzar la cara”. Cuando llegué a Martos le conté todo a Ramón Albín que era el presidente y al día siguiente a ti, a las tres de la tarde, en la radio.

Miguel Arcas sigue unido al fútbol por el corazón, por la memoria y por los partidos que juega ahora con los veteranos del Real Jaén o con otros equipos, porque se fue del fútbol pero este deporte irá siempre con él.

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