Los seguidores que estuvieron en Baleares, los primeros en disfrutar el premio del ascenso

El Real JaénCF está llamando a la historia. Las acciones y su manera de ejecutarlas son también una forma de lenguaje. La autoridad y la solvencia con la que el Real Jaén y su Junta Directiva se han conducido en las dos últimas temporadas proyectan seguridad y eficacia, dos cualidades que en el mundo de fútbol no son fáciles de conjugar.

La situación en la que hoy está el Real Jaén, sin desconocer la severa carga económica heredada, es radicalmente opuesta a la que hemos conocido en la última década. Esa circunstancia, por su dificultad, da más importancia al desescombro y la construcción a la que estamos asistiendo. Objetivamente el cambio es muy importante y tendrá que completarse en los espacios empresariales y puramente económicos, lo que no necesita espera es el aluvión de euforias que ha desatado esta segunda parte de un ascenso necesario. Se cerró la puerta de la sima de Tercera División y con el aura del ascenso brillando todavía, se ha dejado atrás ese purgatorio de la Segunda Federación. Contado parace un suspiro pero, sobre el campo, representa un esfuerzo de valor incalculable. La concatenación de logros representa un salto cualitativo que permite mirar a la historia directamente a los ojos.

Hoy se vuelve a proyectar en su verdadera magnitud el valor de lo intangible, mezclado con los hechos objetivos. Esta es la pócima de la felicidad. Una ciudad entera se ha removido desde lo más profundo por un hecho que no tiene que ver con su vida, en el sentido prosaico del término, pero que estremece y activa las emociones y pone la pasión y el sentido de pertenencia al nivel más alto. El deporte, hoy el fútbol, es capaz de tocar esos huecos en los que las personas guardan su espacio más sensible. La proyección de los sentimientos ofrece momentos que si no se viven no se creen.

El Real Jaén es ahora culpable de la felicidad que vive la ciudad y que explotó ayer en el ánimo de sus seguidores, acostumbrados a demasidas decepciones. Esto no cambia vidas en su esencia pero las recubre de un brillo que, durante unas semanas, tatua una sonrisa en todos. El valor de esto no se puede medir pero se siente y se contagia.

Ahora, sólo es tiempo de dar rienda suelta a todas esas emociones y para hacer un propósito de apoyo que, con el equilibrio y la mesura necesarios, construya la base de futuras alegrías. El tiempo de las penurias deportivas ha sido frenado. El Real Jaén está devolviendo en gloria deportiva todo lo que supuso sufrimiento en otros momentos. Es la hora de envolverse en el gozo de lo que se está viviendo y de apretar los dientes para que nunca más se haga de noche. Se ha ganado otro ascenso, toca ganar el futuro.

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