Las sensaciones en fútbol son un intangible pero tienen mucho peso. La situación del Real Jaén CF después del partido de ayer frente al At. Baleares es muy buena y no sólo por el resultado (2-1), eso también, sobre todo por las sensaciones. Valdano dijo con mucho tino, que el fútbol es un estado de ánimo y el Real Jaén, desde que empezó la Liga de Ascenso ha viajado con el ánimo por las nubes y sobre una fe propia del mítico Antoñete. Esos elementos y el fútbol que ha puesto al servicio del objetivo, son herramientas suficientes como para pensar que el equipo es capaz, en tierra extraña, de resolver la última eliminatoria. Hay solvencia acreditada para no descomponerse en el último compás de este baile. La hubo en Murcia, contra un rival acreditado, fuera de casa y con mucho en juego y la hubo en Vitoria frente a un equipo rudo pero capacitado también técnicamente, que jugaba en su rincón de seguridad. Los antecedentes y el resultado juegan a favor de los hombres de Manolo Herrero. Sólo hay que esperar a que el fútbol decida los elementos que va poner en juego en este último partido. Hay muchas circunstancias que suman y restan y hay que jugar dentro y fuera del campo, todo cuenta cuando se trata de una final. El entramando de equilibrios se complica o se resuelve en los detalles. Dentro de una semana, ojalá, el Real JaénCF puede estar firmando el cerrojazo a una de las etapas más duras de su historia. El próximo domingo el club blanco puede empezar, por fin, a mirar hacia arriba, hacia el lugar que le corresponde en la historia. Sólo faltan noventa minutos y un alargue.

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