Traigo este texto de marzo de 2015, sin que obedezca exactamente a nada o, quizás para convencerme de que, entre iguales, no todos son lo mismo. Si respetas los tiempos, los tiempos te respetan. Alfredo Pérez Rubalcaba me concedió una mañana de palabras y la certeza de que hay un tiempo para estar y otro para irse y hacerlo con pulcritud. Como decía Merceces Sosa: “Uno vuelve siempre a los viejos sitios…”
Le pregunté si no echaba de menos su actividad política: “Cada mañana, al llegar al despacho veo por la ventana un nido de urracas y lo miro un rato. Antes, más o menos a la misma hora, llegaba al Congreso de los Diputados y allí veía otros pájaros, prefiero a estos”.
Alfredo Pérez Rubalcaba ( Solares, Cantabria 1951/Majadahonda, Madrid 2019). Fue un político relevante. Rubalcaba llegó a la política desde la Universidad. Era Doctor en Ciencias Químicas por la Universidad Complutense y fue profesor titular de Química Orgánica en las Universidades de Constanza en Alemania, Montpellier, en Francia y en la Universidad Complutense de Madrid. Desempeñó cargos políticos de enorme valor, tanto por el significante como por el significado, en los gobiernos de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero. Fue Ministro de Educación, Ministro del Interior, Portavoz del Psoe en el Congreso y candidato en las elecciones generales de 2012.
La cita era a las 12 en su despacho de la Facultad de Ciencias, en el Campus de la Universidad Complutense de Madrid donde ejercía tras dejar la política, como profesor de Química Orgánica, desde 2014. El vestíbulo de la Facultad de Ciencias tenía sabor a colegio antiguo, el suelo gastado por millones de pisadas y el olor a “centro educativo” de toda la vida. En la pared lucía imponente un gran mueble rectangular de madera, empotrado en la pared, con pequeñas celdas en las que, pulsando un interruptor, se podían ver todos los elementos de la tabla periódica, alfa y omega: Hidrógeno, litio, sodio, potasio, rubidio, cesio,francio… aquello favoreció la inmersión en el lugar y en la charla que tenía apalabrada con el profesor Pérez Rubalcaba.

Un señor nos condujo a mi compañera Ángela Jiménez, fotógrafa y a mí, por un laberinto de pasillos y escaleras, hasta el despacho sencillo, escueto y personal de nuestro entrevistado. Una mesa de trabajo, más o menos ordenada, una ventana que daba una luz generosa al lugar, una pizarra, una pequeña mesa redonda de madera, dos sillas y en la pared una foto grande, testigo del momento en el que Alfredo Pérez Rubalcaba, recibía el aplauso de la Cámara Baja con motivo de su jubilación política: “Es una foto a la que le tengo mucho cariño, por eso me la he traído aquí”.
La entrevista fue larga. Inicialmente me interesaban sus opiniones deportivas, era un seguidor declarado del Real Madrid. Sin embargo la personalidad de Rubalcaba, excedía al tema emocional y sugerente de sus opiniones sobre las polémicas deportivas que, al lado de sus experiencias académicas del momento y su carrera política, perdían mucho interés. Hubo de todo.

Era un poco anacrónico para mí ver a una persona, a la que normalmente había visto en los grandes escenarios de la política nacional, ajustada a los estrictos limites de aquel despacho. Hablamos de la vuelta a clase y de los recuerdos políticos en ese proceso: “Cuando dejé la política tenía dos posibilidades y, por reducirlas a términos químicos, diré que son digerir o fermentar. Yo he preferido digerir y pensar que ahora vivo un tiempo nuevo”. El tono era cada vez más tranquilo, interior, y ese curso por el que el entrevistado llevó la conversación me obligó, o me invitó, a seguir por ahí y a ir postergando un poco más el tema futbolístico. Además de su voz, fluida y con peso definido en cada término, sólo se escuchaba el “clik” metálico de la cámara de Ángela que trabajaba a su aire. Eso daba un clima propicio para seguir por ahí. Mostré mis dudas sobre que no tuviera “mono” de política: “A la gente le cuesta creerlo. Pasé casi seis años, muy duros, en el Ministerio del Interior y casi tres en Ferraz, en la oposición y con un partido herido y vapuleado. Si examinamos los últimos diez años, se entiende que no tenga mucho “mono”. No todo fue mal claro, en Interior, no todos los ministros pueden decir que se han ido del cargo con el final de ETA pero, en cualquier caso, fueron años muy duros. En política es más fácil entrar que salir. Rara vez decides cuándo sales. Me siento afortunado por lo vivido pero reconozco que he pasado momentos muy difíciles. He sido un ministro controvertido. Hubo momentos en los que era difícil salir a la calle y eso lo sufrió mi familia. Por otra parte, llevar a la práctica alguna de las cosas que piensas, es de lo mejor que te puede pasar en la vida”.
Frente al profesor de química, al político “bragado” y cargado de cicatrices y laureles, emerge un futbolero crítico pero de una filiación merengue irreductible. Decimos muchas veces que el fútbol es una película que nos pasan ciclicamente y en la que ocurren las mismas cosas en los mismos sitios, con un intervalo más o menos amplio de tiempo. Esto decía Rubalcaba, en marzo de 2015 sobre el Real Madrid del momento: “La afición del Real Madrid, es muy especial. Está acostumbrada a ganar y eso la hace exigente en exceso, fría, y no es una afición que cuando el equipo lo pasa mal se vuelca, más al contrario. Es algo muy peculiar no es, por ejemplo, como la del Atleti. El Atleti siempre lo da todo y el Madrid da, a veces, una sensación…vamos que tenemos la Liga perdida”. Alfredo Pérez Rubalcaba, exministro del Interior, y profesor de Química Orgánica en la Universidad Complutense, estaba iniciando la metamorfosis más común en nuestra sociedad y en ese momento, emergía plenamente el seguidor del Real Madrid, mientras languidecía la imagen del político plenipotenciario: “Íbamos muy bien hasta Navidades. No nos debió sentar bien el pavo. Es difícil de entender, parece que todos hubieran perdido la fuerza al mismo tiempo, lo cual quiere decir que hay algún problema de preparación. También debe haber algo relacionado con el aspecto psicológico, la gente se bloquea, se agarrota y eso tiene que ver con un problema mental. Yo he hecho deporte y sé que la cabeza juega un papel definitivo. Al Madrid lo veo, psicológicamente mal».

En ese momento veníamos de una polémica por la negativa velada, cubierta de excusas más o menos afortunadas, del Real Madrid a que una final de Copa del Rey en la que estaba el FC Barcelona, se jugara en el estadio “Santiago Bernabéu”: «Se tenía que jugar en el Bernabéu, sin duda. No sé las razones de Florentino Pérez para no autorizarlo pero es un Final de Copa y Madrid es la capital de España. A los madridistas lo que nos hubiera gustado es que el Real Madrid estuviera en esa final».
Hablamos de política por un lado y de fútbol por otro pero, hubo un momento de la conversación en el que planteé el concepto «politización del fútbol»: «Es inevitable. El fútbol es mucho para la gente. Es un sentimiento. La gente rie cunado gana y llora cuando pierde. El fútbol tiene una influencia espectacular y eso hace que el resto de las actividades humanas, no sean impermeables al fútbol. Es al contrario, hay una interrelación y, pues claro, el fútbol está presente. Sería bueno que dejáramos la política al margen pero, inevitablemente, las cosas se politizan, aunque que creo que menos de lo que se dice. Hay muchos tópicos, como que la gente de derechas es del Real Madrid y la de izquierdas del Atleti, es un disparate, como que los seguidores del Barça son independentistas y los del Espanyol, españolistas. Es verdad que el franquismo marcó mucho el fútbol»
La charla con Algredo Pérez Rubalcaba era muy agradable, uno reconoce cuando las personas están cómodas y los estábamos, en ese momento, dispuestos a seguir pero había que terminar y le pedí una pequeña reflexión sobre cómo veía la vida en ese momento, era 2015 y llevaba un año lejos de la política, disfrutando de sus alumnos, de sus compañeros de toda la vida e inquieto por un Real Madrid al que parecía que «se le había atragantado el pavo» aquella Navidad: «Creo que la gente lo está pasando muy mal. Este 2015 y los anteriores estan siendo duros y echas un poco de menos no poder ayudar. Antes, estando en el gobierno o en la oposición, te encontrabas a alguien por la calle, te contaba una cosa y la podías llevar al Parlamento que, para mí, no es un sitio donde hacer votos, es un lugar donde arreglar los problemas. E por la es la razón por la que hice muchos pactos, cosa que también me han echado en cara alguna vez».


















































