Dejamos el articulo de María Gutiérrez, en el número de verano de nuestra publicación en papel. Periodísitco y emotivo relato de lo que fue la temporada en la que el Real Jaén CF logró su segundo ascenso consecutivo. María, repasa momentos y les pone nombres. Sin duda, una lectura gratificante para seguidores y aficionados al fútbol que pueden tener de forma gratuita en su versión táctil, en la tienda ofcial del Real Jaén, en las oficinas del Patronato Municipal de Deportes y en la sede de Jaén Paráiso Interior.
María Gutiérrez.-
Hay temporadas que se recuerdan por un título, otras, por un gol decisivo o por jugadas concretas de sus futbolistas. La temporada del Real Jaén CF 2025/2026 será recordada, probablemente, por algo mucho más difícil de conseguir: la capacidad de un equipo para construir su propio destino cuando era difícil creer en la posibilidad de alcanzarlo. Esta plantilla quedará marcada por un grupo de futbolistas que se convirtió en una familia remando en la misma dirección, y que aprendió a competir creyendo en lo que hacía, sin miramientos, con alma y con la personalidad propia que caracteriza al escudo del equipo de la capital del Santo Reino.

Este ascenso a Primera Federación no nació en Palma de Mallorca, ni en Ibaia, ni en unas prórrogas interminables, ni siquiera en el último partido de Liga, comenzó a construirse mucho antes, cuando el equipo entendió que la ansiedad de otras temporadas era su principal rival y que el camino hacia el éxito pasaba por competir de la mejor forma, sin mirar la clasificación y con una visión clara, creer. Ese camino comenzó en diciembre en el partido contra el Águilas, con un gol del capitán Javi Moyano en el 86´, cuando el equipo volvía a asomarse peligrosamente al abismo de la Tercera Federación, y, desde ahí, consiguió no volver a conocer la derrota durante cuatro meses, lo que fue el principio y el reflejo de lo que ha sido el gran triunfo de la temporada, insistir y confiar sin bajar nunca los brazos.
Ha sido una campaña que empezó con dudas, sin una exhibición permanente, de reconstrucción, hasta conseguir un recorrido mucho más lineal y convertirse en un equipo competitivo que terminó alcanzando un objetivo que durante muchos meses parecía demasiado lejano. El Real Jaén inició el curso cargando, una vez más, con el peso de su exigencia histórica. El ascenso de la temporada anterior había devuelto la ilusión a una ciudad acostumbrada a mirar, desde hacía años, más arriba que la categoría en la que competía. Pero la Segunda Federación rara vez concede privilegios por el nombre del escudo. Exige regularidad, profundidad de plantilla, capacidad para competir en cualquier escenario y una fortaleza mental que pocas veces se valora lo suficiente. El equipo alternaba momentos prometedores con actuaciones desconcertantes. Había fases en las que transmitía autoridad y otras en las que parecía incapaz de sostenerla durante noventa minutos. La sensación de que la plantilla podía quedarse corta empezó a instalarse en el entorno. Se discutía si hacían falta refuerzos, si el nivel era suficiente para aspirar al ascenso y, como sucede siempre que los resultados no acompañan, también apareció el debate sobre el banquillo.
Manolo Herrero tampoco escapó al juicio permanente que acompaña a cualquier banquillo del Real Jaén. Las críticas aparecieron cuando los resultados no acompañaban y la clasificación alejaba al equipo de los puestos de privilegio. Sin embargo, el técnico nunca modificó su hoja de ruta por el ruido exterior. Apostó por mantener la estabilidad, reforzar la confianza del grupo y construir un equipo mucho más sólido desde la competitividad y el trabajo diario en cada jornada de liga. Herrero, con esa enorme serenidad y paciencia que le caracteriza, demostró que tenía razón.

El mercado de invierno ayudó a completar una plantilla que necesitaba nuevos recursos. Las incorporaciones de Marco Siverio, Ñito González, Iván Breñé, Pelayo o Carrillo elevaron el nivel competitivo y aumentaron la competencia interna. Todos aportaron una determinación decisiva en el tramo final del campeonato y le dieron profundidad a una estructura que empezaba a mostrar más madurez.
Pero incluso después llegaron golpes que parecían difíciles de digerir. Uno de ellos fue la derrota frente al colista, el Atlético Malagueño, un resultado que dejó muy tocada a la afición y que volvió a sembrar dudas en el momento más comprometido de la temporada. El equipo cayó precisamente con el rival menos esperado, cuando menos margen tenía para hacerlo y cuando más cerca tenía la inesperada clasificación para jugar el playoff, que parecía alejarse, y la sensación era que el Real Jaén había desperdiciado una oportunidad en ese penalti fallido que podía resultar definitiva.
El ascenso parecía alejarse y el margen de error prácticamente había desaparecido. Sin embargo, apareció el Real Jaén en su esencia, el que echábamos de menos en años anteriores, construyendo un nuevo reto para demostrar de lo que eran capaces, y, con ello, el desplazamiento a Murcia para enfrentarse al UCAM marcó de nuevo un cambio de rumbo. En uno de los escenarios más exigentes del grupo, el equipo ofreció posiblemente su partido más completo, dejando de parecer un aspirante para empezar a comportarse como un auténtico candidato al ascenso. Dominó muchos tramos del encuentro, soportó el empate cuando más daño hacía y terminó encontrando un gol en el minuto 91 que marcó Alberto Bernardo, porque el fútbol no es egoísta, es justo, y a veces lo demuestra cuando más se necesita, dándole a este futbolista lo que merecía tras aquel penalti, que con valentía decidió tirar, y que falló en un momento decisivo contra el Malagueño. Así llegó un triunfo de enorme valor que le permitió depender de sí mismo para entrar en el playoff, por lo que aquella victoria no varió únicamente la clasificación, fue decisiva para la temporada, cambió la convicción de la afición lagarta y la percepción de un equipo que empezaba a mantenerse firme en sus posibilidades, convenciéndose de que el objetivo también podía llevar su nombre.
A partir de ahí apareció la mejor versión del Real Jaén. La plantilla entendió cuándo había que jugar y cuándo había que competir. Futbolistas como José Álvarez, David Serrano, Curro, Caballero, Mario Martos, Adri Paz, Jaime Morillas, Agus Alonso, Nacho Vizcaíno, Pedro Fernández, Rabanillo, Moha, Connor o Mauro Cabello también asumieron un gran protagonismo, mientras, todos terminaron sintiéndose importantes y encontrando su sitio, formando un bloque indestructible. Claro ejemplo es el jugador Carrillo, que consiguió marcar un gol decisivo en el Estadi Balear, habiendo disputado muy pocos minutos desde su llegada. No hubo un único protagonista, sino un rendimiento espectacular que permitió a la plantilla crecer cuando más presión había, convirtiéndose en uno de los equipos más fiables del tramo decisivo del campeonato. El Real Jaén llegó a la promoción de ascenso tras una gran reacción final, clasificándose en quinta posición, con 58 puntos, después de sumar diez de los últimos doce puntos posibles, algo impensable unas semanas antes.

La primera parada fue el Deportivo Alavés B, un rival al que había cierto respeto por todo el simbolismo que el escudo del Alavés despertaba en la memoria reciente del club. Un rival joven y atrevido, que exigió al Real Jaén una eliminatoria de enorme desgaste físico y mental. Lejos de dejarse llevar por la euforia de llegar al playoff, el conjunto blanco entendió desde el primer minuto que los errores se pagarían muy caros. Supo competir dos partidos muy distintos, interpretar los tiempos de la eliminatoria y superar un obstáculo que confirmó que el equipo había alcanzado la madurez competitiva necesaria para aspirar al ascenso. Aquella clasificación se alcanzó en su ciudad deportiva, ante un equipo que únicamente había encajado 20 goles en toda la temporada, pero ahí estuvo el conjunto jiennense, capacitado para idear la remontada y conseguir un 0-2 definitivo en el minuto 60 con un tanto de Iván Breñé y un gol definitivo del capitán, de nuevo Javi Moyano en el 110´.
Este equipo aprendió a sufrir sin perder nunca el rumbo, ni tampoco la victoriSuperado el primer obstáculo, quedaba el definitivo. El Atlético Baleares esperaba como último escalón hacia la Primera Federación. La eliminatoria definitiva resumió toda la temporada. En La Victoria se consiguió una ventaja mínima (Marco Siverio ejerciendo de killer del equipo una vez más y Agus Alonso en el 98´), pero insuficiente para confiarse, y en Palma hubo que sufrir, encajando un gol que nos hacía daño en los primeros diez minutos e igualaba la eliminatoria. El equipo sobrevivió y remontó en la prórroga con dos goles para rememorar, Marco Siverio aparecía de nuevo en el 99´ y Carrillo marcó en el 105´, certificando un ascenso lejos de La Victoria. Ahí reside, probablemente, el mayor mérito de este equipo, en el extraordinario proceso de aprendizaje colectivo que fue construyendo durante toda la temporada.

Por eso resulta reduccionista explicar este ascenso únicamente desde los resultados. El verdadero éxito del Real Jaén fue la gestión de los momentos difíciles. El equipo nunca permitió que una derrota condicionara la siguiente semana. Supo absorber la presión de una ciudad que siempre ha vivido el fútbol con enorme intensidad, y que venía sufriendo los peores años de la historia reciente del club pero que terminó transformando la incertidumbre en confianza, con un segundo ascenso consecutivo.
Ahora bien, tras este gran objetivo conseguido conviene no perder la perspectiva, el Real Jaén vuelve a caminar con paso firme, pero la Primera Federación representa un escenario completamente distinto. El salto competitivo será considerable, el esfuerzo del club a nivel económico y la capacidad presupuestaria de muchos rivales será superior, además de la exigencia física y táctica, que aumentará de forma notable. Pensar desde hoy en un nuevo ascenso sería desconocer la realidad de la categoría.
La prioridad debe ser consolidarse, adaptarse al nuevo contexto, fortalecer la estructura deportiva y seguir profesionalizando un proyecto que ha dado pasos muy importantes durante los últimos meses, de la mano de Fran Anera, Sebastián Moya y toda la estructura del club, y que ha conseguido recuperar la ilusión de toda una ciudad. Mantener la categoría significará seguir creciendo para construir un futuro mucho más sólido, sin perder la idea de aspirar a un posible ascenso, pero sin olvidar el objetivo principal, seguir creciendo y creyendo.
Porque los ascensos pueden celebrarse durante unos días. Las temporadas, en cambio, permanecen para siempre en la memoria, y ésta será recordada como la temporada en la que el Real Jaén CF volvió a creer en sí mismo.
Este ascenso no explica la temporada. Fue la temporada, construida por este grupo humano de futbolistas y cuerpo técnico, la que terminó explicando el ascenso.


















































