Jaén Paraíso Interior ha logrado establecer como un derecho de costumbre estar en la élite y ganar. El hecho es inefable, falta los términos para definir lo que este equipo ha hecho en el FS nacional y lo que ha hecho por elevar la autoestima de la provincia de Jaén. Ayer las sobremesas de miles de jienenses se detuvieron para, entre la cautela y la esperanza, asistir en un capitulo más de las victorias épicas de un equipo acostumbrado a rersisitir bajo presión y ante presupuestos que le ganan fuera de la pista. FC Barcelona y Jeembe Cartagena eran escollos de altísimo nivel y, como suele ocurrir en estos casos, los jugadores de Dani Rodríguez subieron esos «puertos de primera» para volver a poner en estado de ebullición amarilla, las gradas del pabellón cacereño que les vio remontar y ganar.

Hay demasiada luz en este momento para ver con claridad de nálisis lo que está pasando pero, cuando la perspectiva lo permita, seremos conscientes del valor que tiene lo que el deporte de Jaén está viviendo con Jaén Paraíso Interior. La temporada ya ha encadenado dos triunfos que la convierten en la más fecunda de la historia del club y sigue abierta. El equipo puede hacer, después de lo visto, cualquier cosa. Hay un momento en el que las personas, los sistemas y el juego tienen que ceder ante un instante de iluminación mental transitoria. Ahí está este equipo.
Lo que va más allá de lo puramente deportivo es lo que se refiere al plano emocional, la autoestima y el sentimiento eufórico de pertenencia. El deporte tiene muchos valores pero cuando decide ponerse de su parte, puede llevar a las personas a planos de exaltación y gozo que no sirven para cambiar la vida pero, en el momento, regalan una sensación de felicidad que no se puede describir. Vivir un minuto de ese sentimiento no tiene precio y Jaén Paraíso Interior lo reparte gratis y amanos llenas. Parece un milagro pero es trabajo.


















































