La alegría es un bien escaso. Sólo por esto el deporte debe ser un espacio considerado de interés general. Si el que la promueve y la reparte a manos llenas es alguien que está anuestro lado, debemos sentir una satisfacción especial. Jaén Paraíso Interior ya está en modo producción intensiva de alegría. Su participación, otra vez , en la fase final de la Copa de España, es un rearme de autoestima y una razón para ver, en una práctica reiterada, que se puede tocar el cielo del deporte desde una ciudad pequeña. La historia de Jaén Paraíso interior es un ejemplo de superación y de consecución de objetivos, a partir del conocimiento de las posibilidades reales y de la capacidad de estirarlas al máximo sin romper la estructura original y sus bases.

El primer partido de la Copa de España se cerró con victoria holgada frente a Pozo Murcia pero ese importante triunfo sólo fue el colofón de una tarde úberrima en sentimientos y sensaciones de pertenencia. La afición del equipo, la famosa en todo el mundo, Marea Amarilla visitó de ese color la ciudad de Granada y lazó el aguante al equipo para que después se sumara a la fiesta…y se sumó. Por delante hay retos muy complicados pero la alegría de estar y de pertenecer a una tempestad amable de ilusiones inenarrables, ya es un premio en sí misma.

El deporte tiene un movimiento pendular, se gana o se pierde pero no conviene olvidar las circunstancias que rodean al resultado. Los triunfos concatenados en la máxima categoría del fútbol sala nacional, se han convertido en habituales y en palanca para exigencias mayores. La ambición es lícita pero, las ganas de estar más arriba no deben difuminar ni restar un minuto de gozo al momento que vive el fútbol sala en Jaén. Lo único que se puede celebrar es el presente, el ahora. El pasado ya se celebró y el futuro todavía no es.

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