La vida sigue igual. Cada lista de la Selección, un debate. Por una parte los encantados y por otra, como la obra de Dostoyesvki, humillados y ofendidos. El dolor del madridismo se justifica por el hecho objetivo, no por una pretendida parcialidad del Seleccionador. En otros momentos y en casos concretos se podría analizar en este asunto, para mí, no hay tema.
El Real Madrid tiene dos realidades paralelas, la exigencia de seguir siendo punta de lanza en Europa y en España, y por otra resarcirse de esta ausencia histórica con en la Selección. Sin embargo, también desde mi forma de ver las cosas al Real Madrid y a cualquier club de élite, lo que le interesa es ganar como club y, entre eso y el prestigio romántico de aportar jugadores a la Selección, creo que lo primero va por delante. Son, unas con un formato y otras con otro, «empresas» y no viven de honores. El momento es malo para la entidad blanca porque ha dejado de ganar, sin embargo viene de un ciclo ubérrimo. La memoria del fútbol es delgada pero los datos son irrefutables.
Este debate de las pretendidas afrentas deportivas es algo que se construye para el aficionado. La afición está lejos de los asuntos económicos, de los ajustes contables y de las fluctuaciones de la marca. El seguidor quiere ganar todo, aunque sea con la legión extrajera, pero también quiere tener a los suyos en la Selección. Es obvio que una cosa y su contraria no pueden ser pero, el fútbol crea esas ensoñaciones imposibles que, sin embargo, conviven con naturalidad en la mente del hincha. Ese es el caldo de cultivo de los grandes debates.
Por lo demás la lista es la que es. Luis de la Fuente la tenía desde hace meses, según él mismo ha confirmado. Esto deja clara una obviedad, se trata de asunto puramente personal, que para eso es el Seleccionador. Tiene su idea y en base a eso repone o quema barcos. Ojalá que al final la convocatoria sea la de España y no sólo la del Seleccionador.
















































