La capacidad de transformación que tiene el equipo jienense, es digna de estudio. Llegó a la final y se midió ante un rival inmensamente más potente en lo económico, con un plantel cargado de estrellas y que se presentaba en el último partido con un rodillo en la mano, 14 goles a los rivales previos. Pues no pudo ser. Delante tenía a un conjunto hecho de talento, resistencia y hormigón. Un especialista en Copa de España.

Jaén Paraíso Interior, se pusó el traje de los domingos de Copa de España y se volvió a Jaén con su cuarto trofeo. Para un equipo como este, las temporadas son largas. Ya no es un rival modesto que llega y sorprende en una liga que le viene de cara, ya no es eso. A partir de un presupuesto alejado de las cumbres de la competición ha sostenido su nivel, en un conocimiento profundo de las competiciones y de los jugadores y en ensamblanges que han sido casi siempre muy fértiles. Ahí está su palmarés, envidiable.

En la pista estaban frente a un equipo de enorme potencial y que estaba haciendo la copa soñada, goleando y recibiendo poco. Sin embargo, junto a la mística que rodea a un tricampeón de este torneo, estaba una vez más esa mítica “Marea Amarilla”, que envuelve los pabellones donde aterriza y que manda al equipo un aire que no se acaba nunca.

El partido fue un tenso debate, en el que los azulgranas dieron muestras de su fortaleza y obligaron a Carlos Espindola a convertirse en un jugador determinante durante el tiempo reglado y luego en la tanda de penalti. Jaén Paraíso Interior también midió a Didac. El equipo de Dani Rodríguez, tenía vistoslos partidos anteriores y sus acciones eran herméticas ante las acciones del rival y no perdió en ningún momento, la concentración y el buen camno. No hubo forma de abrir el marcador y pasaron los minutos y los tiempos establecidos, sin que el empate a cero se pudiera cambiar.

Al final llegó ese momento en el que nadie ha sabido explicar si se trata de suerte, de técnica, de capacidad de abstración o, simplemente, de fe. Portero y jugador de campo, cara a cara, en mitad de miles respiraciones contenidas…un drama.

Antonio Pérez, que había hecho un partido enorme, tomó la responsabilidad del primer penalti para el FC Barcelona y para su desesperación vio como se encontraba con Espindola y desaprovechaba la ventaja del lanzamiento inicial. Sería después Gauna, el que erraría ante la actuación de Espindola y el lanzamiento de Eloy Rojas iba a dar a Jaén Paraíso Interior su cuarta Copa de España. Después, en la carretera que une Granada con Jaén, se podía ver una estela amarilla de bufandas anudadas que señalaba un camino de alegría.

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