Daniel Mata Venzalá.- Seis goles en seis partidos con España, 133 con el Real Oviedo: el ex delantero nacido en Úbeda y leyenda del equipo asturiano recuerda una vida que es sinónimo de gol.
De una infancia tranquila entre olivos al barullo de Barcelona. De dar patadas a un balón en campos de tierra a compartir entrenamientos con Maradona. De jugar en Tercera Regional a catar todos los equipos habidos y por haber: FCBarcelona, Atlético de Madrid, ElcheCF, Hércules CF, Real Murcia, en México Puebla y Lobos y, sobre todo, Real Oviedo, donde el antiguo Carlos Tartiere le acogió como uno de los suyos hasta convertirse en historia del equipo carbayón.

La carrera de Carlos Muñoz Cobo (Úbeda, 1961) es la de un delantero que llegó tarde a todo menos al gol. Leyenda en Oviedo, máximo goleador español de Primera División en la temporada 1993-94 y autor de 133 goles con el equipo asturiano, siendo el tercer máximo goleador del club en Primera División. Con la Selección Española logró un registro que roza la perfección: seis partidos, seis goles. Una cifra que lo convierte en el futbolista de la provincia de Jaén que más goles ha marcado con España. Una brillante trayectoria que, sin embargo, no le bastó para viajar al Mundial de Estados Unidos del 94, una espina que aún escuece 32 años después.
Tras colgar las botas en México con 40 años, volvió a Oviedo, ciudad que nunca dejó de sentir suya, donde hoy ejerce como embajador de un club que acaba de cumplir cien años. Con él repasamos una vida dedicada al gol y su visión del fútbol actual.
¿Qué queda hoy de aquel niño que acompañaba a sus padres a la aceituna? ¿Te sientes jiennense, catalán, asturiano… o un poco de todo?
Me siento ubetense, jiennense y español. Las circunstancias nos obligaron a marcharnos y fueron momentos difíciles. ¿Qué queda de aquel niño? Las experiencias acumuladas durante todos esos años y un recuerdo grato. Y, sobre todo, las ganas de seguir viviendo y disfrutando.
A los 19 años seguías en Tercera Regional y trabajabas como butanero y pintor. ¿En qué momento creíste que podías ser profesional?
Por aquel entonces yo era un chaval como cualquier otro. Dejé el colegio y me puse a trabajar porque en casa hacía falta dinero; trabajaba de lo que hiciera falta. ¿Pensar que iba a ser futbolista profesional? Nunca. Me gustaba mucho el fútbol, me gustaba ganar y luchar dentro del campo. Si eso me llevaba a algún sitio, mejor… Pero eso no se lo espera nadie. Creo que, conforme avanza tu carrera, te vas dando cuenta de hasta dónde puedes llegar.

Llegaste a Oviedo obligado, cuando querías ir a Osasuna o al Valencia, y acabaste siendo un ídolo. ¿Qué tenía aquel vestuario, o aquella ciudad, para que te sintieras como en casa tan rápido?
En mis años en el FC Barcelona tuve la suerte de compartir vestuario con Maradona o con Schuster, pero creo que no se me valoró futbolísticamente: me cedieron cuatro veces y nunca me dieron la oportunidad de hacer la pretemporada con el primer equipo. Cuando llega la cuarta temporada y te dicen que tienes que irte cedido a Oviedo, un equipo de Segunda División, te sientes desilusionado, porque yo quería jugar en la máxima categoría.
Pero llegar a Oviedo fue algo maravilloso. Junto con ir a la Selección, es lo mejor que me ha pasado en el fútbol. Encontré un grupo de jugadores fenomenales, hicimos una campaña extraordinaria y conseguimos el ascenso. A partir de ahí creo que marcamos una época. Allí me hice futbolista: gracias a aquellos años fui internacional y llegamos a jugar la UEFA, que fue un año maravilloso.
¿Qué tiene Oviedo? La gente y la ciudad. Es una ciudad muy tranquila, con gente muy amable y simpática. Quizás tiene mala fama por el tiempo, pero ahora se vive bien y se come muy bien. Es una maravilla: quien no lo conozca debería venir a Asturias a descubrir este paraíso.
Fuiste el máximo goleador español en la temporada 1993-94, pero Clemente no te convocó para el Mundial de Estados Unidos. ¿Has hecho las paces con aquello?
Es lo peor que me ha sucedido en el fútbol, sobre todo porque creo que merecía estar en el Mundial. Ya había sido internacional, y esa temporada marqué 21 o 22 goles, solo por detrás de Romário, Šuker y Kodro. Fui el jugador español que más goles metió. En ningún otro país el máximo goleador de esa liga se quedó sin ir al Mundial. Me cabreé mucho y me vine un poco abajo, pero con los años aquello ya pasó. Eso sí, siempre lo tendré en el recuerdo: por una injusticia, no fui al Mundial.
En alguna entrevista has dicho que el factor psicológico pesó en que no brillaras en tu paso por el Atlético de Madrid. ¿Tuviste ayuda psicológica alguna vez? ¿Cómo se gestionaba en aquella época la salud mental de un futbolista? ¿Era un tema tabú?
No me encontré a gusto en el Atlético de Madrid, quizás porque no me sentí valorado. Por suerte o por desgracia, soy muy temperamental, y en esos momentos la cabeza te dice una cosa y el cuerpo otra. Antiguamente era más complicado ir al psicólogo. En el Real Oviedo, por ejemplo, nos llevaron dos o tres veces para entendernos a nosotros mismos y expresar lo que sentíamos. Hoy es algo a lo que cualquier futbolista puede recurrir si siente que no puede más, y es algo completamente natural. Creo que es importante que quien lo necesite, vaya.
Tu aventura en México acabó con dos títulos de máximo goleador, en Primera y en Segunda. Hoy es habitual cruzar el charco, pero ¿cómo recuerdas aquella etapa?
Mi aventura en México fue maravillosa. Estuve allí cinco años y tengo la satisfacción de haber jugado en un equipo y una ciudad maravillosos como Puebla. Las cosas me salieron muy bien: fui máximo goleador en Primera y en Segunda, algo complicado en el fútbol mexicano. No es fácil: hay partidos que se juegan a mucha altura y otros a nivel del mar, y es un fútbol muy técnico. Me sentí muy orgulloso de haber llegado allí y me trataron de maravilla. Fue una experiencia estupenda que volvería a repetir.

El fútbol ha cambiado mucho en los últimos años, también el aficionado. Hasta no hace mucho era habitual ver las calles llenas de niños jugando a la pelota; hoy es una rareza. ¿Crees que el fútbol se vive ahora con menos pasión? ¿Qué queda de aquel fútbol de campos de tierra?
Es verdad, ahora hay muchas redes sociales, mucha televisión, y todo es muy diferente. También hay métodos de entrenamiento que antes no existían, campos de mucha más calidad, fisioterapeutas… Todo eso ayuda a que el futbolista sea muchísimo mejor que antes.
En cuanto a la cultura del fútbol, lo que más echo de menos es ver a los niños jugando en la calle, antes de entrar al colegio y por las tardes. Eso marca la diferencia. Nosotros, de chavales, acumulábamos miles y miles de horas de calle; hoy eso no existe. Pero, por otro lado, hay muchas cosas buenas que hacen que un futbolista salga más preparado.
Hoy se habla muy a la ligera de «el mejor jugador de la historia». Tú viste a Maradona, a Romário, a Hugo Sánchez… ¿Crees que esa etiqueta se pone con demasiada facilidad?
Antes salíamos de la calle y ahora salen de las escuelas; es como si los jugadores fueran máquinas. Hay jugadores muy buenos y el nivel está mejorando en todo el mundo. Antes, en muchos países el fútbol estaba poco desarrollado, y ahora todo es diferente: el fútbol ha avanzado muchísimo en todas partes. Hemos tenido la suerte de vivir una época en la que vimos a Maradona, después a Cristiano y a Messi, y ahora está ahí Lamine Yamal. La publicidad y el marketing ayudan a que todo el mundo esté pendiente.
Volver a Primera tras más de veinte años y bajar justo en el año del centenario. ¿Cómo lo viviste desde dentro como embajador del Real Oviedo?
El fútbol es muy ingrato con los equipos: hay épocas buenas y épocas malas. Nosotros hemos estado en el barro y casi desaparecemos. El Real Oviedo es un club con historia, y nos ha costado muchísimo llegar ahí arriba. Poco a poco fuimos avanzando hasta volver a Primera División. Bajar a Segunda en el año de tu centenario, lógicamente, da tristeza, pero después de todo lo que habíamos sufrido antes tampoco es una desgracia. Las cosas no salieron como todos esperábamos por una suma de circunstancias: lesiones, jugadores que podían haber dado mucho más y que, por desgracia, no lo dieron… Ahora toca seguir luchando para volver a Primera, que es lo que se merece este equipo.
¿Sigues volviendo a Úbeda? ¿Conservas amistades allí?
Voy a Úbeda como mínimo cada dos años, porque tengo mucha familia allí. Me fui muy joven, así que no conservo amistades de la infancia, pero cada vez que vamos es un disfrute enorme. Úbeda es Patrimonio de la Humanidad, una maravilla de ciudad, y su gente es buena y amable. Cada vez que voy me lo paso de maravilla.



















































