Hugo y su abuelo Amadeo Pérez,

La noche que Jaén Paraíso Interior ganaba en Granada su cuarta Copa de España, había muchas sensaciones de euforia, muchos sueños y muchas lágrimas que iban de la pista a la grada y de la grada hasta los héroes deportivos que, abajo, hicieron posible ese éxtasis. Victoria deportiva y miles de historias personales, emotivas…inolvidables. De todo lo que pasó en aquellos momentos de gozo general, me quedo con la imagen de un adolescente que había tocado el cielo con sus guantes y que ya sabe lo que quiere decir eso de que «Todo es posible en Granada».

Hugo Montoro, había empujado desde su posición en el banquillo, había sufrido y disfrutó el triunfo frente al FC Barcelona. Era la consecución de un sueño que se le vino encima y que ha sabido llevar con calma pero, sin perder ni un instante de esa inenarrable realidad que pudo vivir en primera persona. Marzo será su mes en adelante, es el marco en el que le han pasado las cosas más fuertes desde que se puso bajo una portería.

Los porteros son capaces de llevar la gloria y el desastre con mucha templanza pero, Hugo deberá hacer esfuerzos para sujetar la euforia por lo que le está pasando en este marzo de 2026. Viene de ganar la Copa de España, de ver que sus compañeros le tratan, pese a su juventud, como un eslabón más de la cadena y de comprobar que la afición le ha adoptado y lo venera como la imagen emergente de la cantera local.

El viernes, por si este marzo fuera poco todavía, en partido oficial de liga y en el Olivo Arena, Hugo tuvo su debut en la máxima categoría del Fúbol Sala nacional. La grada lo pedía, los compañeros lo querían disfrutar y él supo en esos minutos que le dio Dani Rodriguez, entrenador local, mantener su puerta a cero.

Hugo Montoro Pérez, es portero y le viene de casta. Amadeo Pérez, su abuelo, expresidente del Real Jaén y futbolista en su juventud, fue portero también. Los orígenes de Amadeo tienen su raiz en Granada y su nieto, en Granada, vivió uno de los días de los que uno no se olvida nunca. La génetica cuenta. Hugo, seguramente, habrá heredado de su abuelo el coraje y la perseverancia, virtudes imprescidibles para la portería y para la vida.

Ojalá Amadeo hubiera podido ver esto. Sus nietos son deportistas y buenos. Hugo, el portero, le ha devuelto un poco de esa alegría que el fútbol le quitó. Bien está lo que bien acaba. Él no está pero su mujer, Resurrección, está viendo multiplicada su felicidad porque en Hugo, está disfrutando de sus dos porteros. El deporte no se queda con nada, siempre devuelve lo que no le corresponde. esta es una prueba.

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